martes, 2 de junio de 2015

Los movimientos por los derechos civiles de la población descendiente en EEUU

Diez cosas que tal vez no sepa de la jornada

por MARÍA RAMÍREZ (Corresponsal en Nueva York)
El 28 de agosto de 1963 sindicatos, actores y organizaciones afroamericanas consiguieron reunir la mayor manifestación de la historia de Washington hasta entonces. Para la mayoría del país, el mensaje fundamental fue la calma y el aire festivo en la concentración. El discurso final del reverendo King es lo que hoy más se recuerda, pero no fue ni lo más significativo ni lo más destacado en su día.
1. King no era el líder de la marcha. Quien había empujado más y había ideado la manifestación era A. Philip Randolph, un sindicalista que intentaba organizar la protesta desde 1941. King apenas ayudó en los preparativos. Aunque ya era conocido y fue presentado como «líder de la revolución moral», King era sólo un orador más al final de la jornada, tras seis horas de discursos y canciones de Joan Baez o Bob Dylan.
2. «I have a dream», en el decimonoveno párrafo. El discurso que King improvisó tenía poco que ver con el tema de la manifestación, cuya agenda era muy económica. Su lema era «For Jobs and Freedom». Las palabras del reverendo estuvieron entre las más aplaudidas, pero casi se olvidaron hasta después de su asesinato en 1968. Al día siguiente de la marcha, The New York Times dedicó una pieza de análisis al discurso, pero, en la crónica principal, el nombre de King no aparecía hasta el decimonoveno párrafo.
3. King ya había tenido ese sueño. El activista había utilizado la coletilla de «yo tengo un sueño» en varios discursos desde 1961. Empleó párrafos casi idénticos a los de uno pronunciado un mes antes en Detroit. Improvisó el final. Una cantante de gospel que tenía al lado, Mahalia Jackson, le sugirió «Háblales del sueño, Martin», aunque no se sabe si eso fue lo que le impulsó a recitar esas frases.
4. Charlton Heston, héroe de los derechos civiles. El actor fue uno de los más activos, junto a Marlon Brandon, a la hora de empujar a otros colegas de Hollywood para que acudiesen a la marcha. Incluso organizó una reunión para presionar a los estudios de los grandes canales para que cubrieran ampliamente la manifestación. Lo consiguió. Fue el evento más seguido por los periódicos y las televisiones desde la toma de posesión de Kennedy.
5. Miércoles (medio) festivo. El presidente Kennedy pidió que la marcha no se organizara en fin de semana para evitar la aglomeración que temía. Pese a que era miércoles, fue una de las manifestaciones más grandes de la historia de Estados Unidos. Al menos 1.500 autobuses y 33 trenes organizados por los sindicatos y grupos afroamericanos llegaron a la capital, además de los transportes habituales. El alcalde de Nueva York, Robert Wagner, declaró festivo ese miércoles para que pudieran viajar sus empleados públicos.
6. Mujeres discriminadas. Los organizadores de la marcha apenas dejaron hablar a las mujeres afroamericanas a pesar del papel activo que habían tenido en las arriesgadas protestas en el Sur y en los actos de resistencia pacífica. Sólo después de muchas quejas, se permitió hablar a un par. A Rosa Park, heroína en Alabama, sólo se la mencionó de pasada. Después de la marcha en Washington, algunas líderes afroamericanas se pasaron a la lucha por los derechos de las mujeres y dejaron las reuniones sobre derechos civiles.
7. Ley seca. El principal temor de las autoridades y la prensa era que la marcha acabase en violencia. Un grupo nazi intentaba manifestarse el mismo día, aunque la ciudad no le había dado permiso. Washington hizo sitio en las cárceles y ese día se prohibió la venta de alcohol en restaurantes, bares y economatos. Al final, hubo menos detenciones que un día cualquiera en la ciudad. El titular de portada de The New York Times fue: '200.000 marchan por los derechos civiles en una ordenada manifestación en Washington. El presidente ve avances para los negros'.
8. Leche en la Casa Blanca. Después de la marcha, el presidente Kennedy recibió a Randolph, King y otros oradores del día. El presidente empezó a hablar sin ofrecer nada a sus invitados, exhaustos después de la jornada que había empezado al alba. Randolph le interrumpió y dijo: «Señor presidente, me pregunto si me podría dar un vaso de leche». Kennedy pidió sándwiches y bebidas para todos antes de seguir con la reunión.
9. El desprecio de Malcom X. El líder más rebelde desdeñó la protesta y se quejó de que estaba tomada por «los blancos izquierdistas». Antes de la marcha dijo que los musulmanes no debían acudir a la concentración y después, se pasó años criticándola.
10. La pesadilla. Antes de ser asesinado en 1968, cuando ya era un duro crítico de la guerra de Vietnam y estaba decepcionado también por parte de la comunidad afroamericana, Martin Luther King dijo: “Han convertido mi sueño en una pesadilla”.


La relevancia de Malcolm X



"Ser negro y tener conciencia de nuestra identidad significa no solo vivir en un estado constante de ira sino también sentir ira constantemente contra aquellos que niegan la influencia del pasado racista como contexto de las injusticias del presente."
-James BaldwinCincuenta años después del asesinato de uno de los líderes más importantes de la comunidad afroamericana de EE.UU. es impactante la vigencia de su pensamiento y militancia. La figura de Malcolm X suele contraponerse a la del líder pacifista Martin Luther King. Es un simplismo que el mismo Malcolm desestimó cuando acertadamente dijo que, si bien no coincidían en los métodos, que él reconocía que la resistencia no-violenta liderada por King ponía de relieve la brutalidad de los blancos. Concluyó: "ambos somos considerados enemigos del sistema; la única duda es cuál de nosotros dos será asesinado primero". Malcolm fue asesinado en Nueva York el 21 de febrero de 1965. M. L. King fue asesinado tres años después.

Malcolm X y Martin Luther King.
La autobiografía de Malcolm X es un testimonio enriquecedor de las vivencias de los afroamericanos en el contexto de un país que vivió más tiempo con la esclavitud que sin ella. Su padre, Earl Little, fue un pastor bautista que adhería fervientemente a las ideas de Marcus Garvey. Garvey promovía que los afrodescendientes regresaran a África, pues en EE.UU. siempre seguirían bajo el yugo de los blancos. Cuando nació Malcolm la familia se vio obligada a dejar su hogar en Omaha, Nebraska, por las amenazas del Ku Klux Klan contra el padre. Se mudaron a Lansing, Michigan, donde pocos después hombres de la Legión Negra -supremacistas blancos - les incendiaron la casa. Se mudaron a otro poblado cercano del que Malcom guarda algunos buenos recuerdos. Pero en 1931, cuando Malcolm tenía seis años, su padre fue asesinado, crimen atribuido por la familia y conocidos a la Legión Negra. No es difícil ver de qué manera estos hechos marcaron a fuego su vida.
Repasemos algunos de los planteos de Malcolm X:
Sobre la violencia
"La política internacional de EE.UU. consiste en desplegar violencia, una violencia ilimitada como en Vietnam. Usa la violencia en Corea, Cuba y otras regiones del mundo... Esa misma violencia, la emplea dentro del país contra los negros. Pero cuando nosotros pedimos que paren los linchamientos, nos llaman 'violentos' a nosotros."

Malcolm X y Fidel Castro en el Hotel Theresa, Harlem, Nueva York (19/10/1960) -Prensa Latina/Reuters.
Sobre el derecho a la autodefensa
"No voy a aconsejarle a nadie que use métodos violentos. Pero cuando nos atacan tenemos el derecho de defendernos. Aprendamos a hablar el lenguaje que ellos entienden... El Klan quiere aterrorizar a los negros porque aterrorizados nos paralizarán. Dado que el gobierno federal ha mostrado que no hará nada para parar la violencia de los racistas, es nuestro deber organizarnos, que el gobierno sepa que si ellos no paran al KKK nosotros lo haremos; entonces, reaccionarán... Vigorosa acción de autodefensa por cualquier medio que sea necesario... El primer deber de una persona es proteger su vida..."
Sobre el autodesprecio
"África fue un continente dominado por Europa. Los europeos crearon la imagen de África para el resto del mundo. Una imagen negativa, de desprecio por todo lo que sea africano. Nos hicieron creer que era una tierra de junglas, animales, caníbales y salvajes... Los que tenemos ancestros africanos hemos sentido desprecio por África y desprecio por nosotros mismos... ¿Por qué? Porque el opresor sabe que si odias la raíz, odiarás el árbol. No puedes odiar a tu gente sin terminar odiándote a ti mismo... Rechazábamos las características africanas: la textura de nuestro pelo, la forma de nuestra nariz y labios, el color de nuestra piel... Fueron ustedes, los opresores, quienes le enseñaron al mundo a odiar al conjunto de una raza... y tienen el descaro de culparnos de odio porque no nos gusta la soga que nos han puesto en el cuello... El color de nuestra piel se volvió una cadena psicológica porque nos daba vergüenza... Así nos encarcelaron, no solo trayéndonos aquí y haciéndonos esclavos...Todavía perduran los efectos en nuestro pueblo... Porque odiábamos nuestra sangre africana, nos sentíamos inferiores, incapaces de hacer algo por nosotros mismos... Pero un cambio ha comenzado. Dentro nuestro."
Sobre el racismo
"Y la prensa nos llama 'racistas a la inversa'. El truco es hacer que la víctima se vea como el criminal... El mismo juego todo el tiempo... No soy un racista, no creo en ninguna forma de segregación, soy un musulmán, creo en Alá, como los cristianos o los judíos creen en su Dios... La religión de Islam enseña a no juzgar a nadie por su apariencia, por el color de su piel. Si juzgas a alguien por su raza, cometes el peor de los delitos para el Islam."
Malcolm estuvo preso por robo, y en la cárcel se convirtió al Islam, y ello "le salvó la vida", según reconoció. Dejó la bebida, las drogas, las actividades delictivas.
Sobre la ruptura con la Nación del Islam
"En la peregrinación a La Meca conocí a musulmanes para quienes el color de la piel es una característica más, no la principal... conocí a hombres de pelo claro y ojos azules, a quienes puedo llamar hermanos."
Por su carisma y capacidad Malcolm devino una figura extremadamente reconocida que eclipsó a su mentor Elijah Muhammad. En 1963 Malcolm descubrió que E. Muhammad no practicaba los preceptos que predicaba. Esto sumado a otros factores, como el dogmatismo en las relaciones interraciales, determinaron su alejamiento de la Nación del Islam. Malcolm había adquirido una visión más compleja de las relaciones interraciales. De igual manera, sus viajes por los países recientemente independizados de África lo enriquecieron políticamente; conectó la lucha del pueblo negro de EE.UU. con las luchas de liberación de otros pueblos del mundo. Si bien los tres hombres que dispararon y mataron a Malcolm X eran miembros de la Nación del Islam, existen fuertes dudas sobre quienes fueron los autores intelectuales del crimen.
Sobre las posturas antagónicas entre los afroamericanos
"En las plantaciones había dos tipos de esclavos: el doméstico y el que trabajaba en el campo. El esclavo doméstico tenía buena ropa, comía bien, vivía en el ático o en el sótano de la casa del amo. Lo quería al amo más de lo que el amo se quería a sí mismo. En cambio el esclavo del campo vestía andrajos, comía muy mal, odiaba al amo. La mayoría eran esclavos del campo. Si la casa del amo se incendiaba, el esclavo doméstico corría a apagar el fuego; el esclavo del campo, rogaba que corriera viento que avivara las llamas. Yo soy un esclavo del campo, este no es mi gobierno. Y aún hoy, siguen usando a los esclavos domésticos para controlarnos..."
Esta caracterización de Malcolm ha sido citada para analizar la presidencia de Obama, al igual que el papel desempeñado por el Juez de la Corte Suprema Clarence Thomas y los ex secretarios de Estado de George Bush, Colin Powell y Condoleezza Rice.
Sobre el encarcelamiento de los afroamericanos
"Cualquier persona negra puede ser detenida en la calle por la policía... porque la comunidad negra ha sido presentada como una comunidad de criminales para justificar todo tipo de métodos de represión brutales... En EE.UU. no puedes ser negro y no tener un prontuario policial."
EE.UU. es actualmente la nación con mayor cantidad de presos en el mundo. Tiene un 5% de la población mundial, mientras que los encarcelados son el 25% de los presos del mundo. De los 2,3 millones de presos en EE.UU. casi la mitad son afroamericanos, porcentaje altísimo si se tiene en cuenta que el porcentaje de afroamericanos es solo el 12.6% del total de habitantes.
Malcolm X expuso temas cruciales que afectaban a la comunidad afroamericana hace cincuenta años, muchos de los cuales siguen vigentes hoy. "La vida de los negros importa" (Black Lives Matter) es la consigna actual en la campaña contra la brutalidad policial. Estas palabras son un eco de las exhortaciones de Malcolm X en defensa de su comunidad frente a las diversas formas de violencia ejercidas por un sistema que arrastra las lacras de la esclavitud: segregación, encarcelamiento indiscriminado, desigualdad socio-económica, opresión.

(Malcolm fotografiado por Gordon Parks. El titular del periódico dice: "Siete hombres negros sin armas fueron asesinados a sangre fría por la policía de Los Angeles.)
Fuentes:
Malcolm X, Vida y voz de un hombre negro. Autobiografía. Txalaparta Editorial. Libro original: The Autobiography of Malcolm X (As told to Alex Haley).
http://www.bsolot.info/wp-content/pdf/Malcolm_X Vida_y_voz_de_un_hombre_negro_Autobiografia_y_seleccion_de_discursos.pdf
Las citas de discursos de Malcolm X fueron traducidas por la autora. Los originales provienen de los siguientes sitios:
Malcolm X: http://www.malcolmx.com/video/
There is a Worldwide Revolution going on: http://disciplesofmalcolm.tumblr.com/post/55850552291
Black Lives Matter Movement: http://blacklivesmatter.com

Discursos para realizar ficha n° 5 sobre el Racismo en los EEUU en la década de 1950

Martin Luther King, Jr.


Tengo un sueño

Traducción del discurso pronunciado en Washington, capital federal de los Estados Unidos, el 28 de agosto de 1963 por Martin Luther King, Jr.

          Estoy contento de reunirme hoy con vosotros y con vosotras en la que pasará a la historia como la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestra nación.

Hace un siglo, un gran americano, bajo cuya simbólica sombra nos encontramos, firmó la Proclamación de Emancipación. Este trascendental decreto llegó como un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros y esclavas negras, que habían sido quemados en las llamas de una injusticia aniquiladora. Llegó como un amanecer dichoso para acabar con la larga noche de su cautividad.

Pero cien años después, las personas negras todavía no son libres. Cien años después, la vida de las personas negras sigue todavía tristemente atenazada por los grilletes de la segregación y por las cadenas de la discriminación. Cien años después, las personas negras viven en una isla solitaria de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después, las personas negras todavía siguen languideciendo en los rincones de la sociedad americana y se sienten como exiliadas en su propia tierra. Así que hemos venido hoy aquí a mostrar unas condiciones vergonzosas.

Hemos venido a la capital de nuestra nación en cierto sentido para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magnificientes palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, estaban firmando un pagaré del que todo americano iba a ser heredero. Este pagaré era una promesa de que a todos los hombres —sí, a los hombres negros y también a los hombres blancos— se les garantizarían los derechos inalienables a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.

Hoy es obvio que América ha defraudado en este pagaré en lo que se refiere a sus ciudadanos y ciudadanas de color. En vez de cumplir con esta sagrada obligación, América ha dado al pueblo negro un cheque malo, un cheque que ha sido devuelto marcado “sin fondos”.

Pero nos negamos a creer que el banco de la justicia está en bancarrota. Nos negamos a creer que no hay fondos suficientes en las grandes arcas bancarias de las oportunidades de esta nación. Así que hemos venido a cobrar este cheque, un cheque que nos dé mediante reclamación las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia. También hemos venido a este santo lugar para recordar a América la intensa urgencia de este momento. No es tiempo de darse al lujo de refrescarse o de tomar el tranquilizante del gradualismo. Ahora es tiempo de hacer que las promesas de democracia sean reales. Ahora es tiempo de subir desde el oscuro y desolado valle de la segregación al soleado sendero de la justicia racial. Ahora es tiempo de alzar a nuestra nación desde las arenas movedizas de la injusticia racial a la sólida roca de la fraternidad. Ahora es tiempo de hacer que la justicia sea una realidad para todos los hijos de Dios.

         Sería desastroso para la nación pasar por alto la urgencia del momento y subestimar la determinación de las personas negras. Este asfixiante verano del legítimo descontento de las personas negras no pasará hasta que haya un estimulante otoño de libertad e igualdad. Mil novecientos sesenta y tres no es un fin, sino un comienzo. Quienes esperaban que las personas negras necesitaran soltar vapor y que ahora estarán contentos, tendrán un brusco despertar si la nación vuelve a su actividad como si nada hubiera pasado. No habrá descanso ni tranquilidad en América hasta que las personas negras tengan garantizados sus derechos como ciudadanas y ciudadanos. Los torbellinos de revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que nazca el día brillante de la justicia.

Pero hay algo que debo decir a mi pueblo, que está en el caluroso umbral que lleva al interior del palacio de justicia. En el proceso de conseguir nuestro legítimo lugar, no debemos ser culpables de acciones equivocadas. No busquemos saciar nuestra sed de libertad bebiendo de la copa del encarnizamiento y del odio.  Debemos conducir siempre nuestra lucha en el elevado nivel de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra fecunda protesta degenere en violencia física. Una y otra vez debemos ascender a las majestuosas alturas donde se hace frente a la fuerza física con la fuerza espiritual. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra no debe llevarnos a desconfiar de todas las personas blancas, ya que muchos de nuestros hermanos blancos, como su presencia hoy aquí evidencia, han llegado a ser conscientes de que su destino está atado a nuestro destino. Han llegado a darse cuenta de que su libertad está inextricablemente unida a nuestra libertad. No podemos caminar solos.

Y mientras caminamos, debemos hacer la solemne promesa de que siempre caminaremos hacia adelante. No podemos volver atrás. Hay quienes están preguntando a los defensores de los derechos civiles: “¿Cuándo estaréis satisfechos?” No podemos estar satisfechos mientras las personas negras sean víctimas de los indecibles horrores de la brutalidad de la policía. No podemos estar satisfechos mientras nuestros cuerpos, cargados con la fatiga del viaje, no puedan conseguir alojamiento en los moteles de las autopistas ni en los hoteles de las ciudades. No podemos estar satisfechos mientras la movilidad básica de las personas negras sea de un ghetto más pequeño a otro más amplio. No podemos estar satisfechos mientras nuestros hijos sean despojados de su personalidad y privados de su dignidad por letreros que digan “sólo para blancos”. No podemos estar satisfechos mientras una persona negra en Mississippi no pueda votar y una persona negra en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar. No, no, no estamos satisfechos y no estaremos satisfechos hasta que la justicia corra como las aguas y la rectitud como un impetuoso torrente.

         No soy inconsciente de que algunos de vosotros y vosotras habéis venido aquí después de grandes procesos y tribulaciones. Algunos de vosotros y vosotras habéis salido recientemente de estrechas celdas de una prisión. Algunos de vosotros y vosotras habéis venido de zonas donde vuestra búsqueda de la libertad os dejó golpeados por las tormentas de la persecución y tambaleantes por los vientos de la brutalidad de la policía. Habéis sido los veteranos del sufrimiento fecundo. Continuad trabajando con la fe de que el sufrimiento inmerecido es redención.

Volved a Mississippi, volved a Alabama, volved a Carolina del Sur, volved a Georgia, volved a Luisiana, volved a los suburbios y a los ghettos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de un modo u otro esta situación puede y va a ser cambiada.

No nos hundamos en el valle de la desesperación. Aun así, aunque vemos delante las dificultades de hoy y mañana, amigos míos, os digo hoy: todavía tengo un sueño. Es un sueño profundamente enraizado en el sueño americano.

Tengo un sueño: que un día esta nación se pondrá en pie y realizará el verdadero significado de su credo: “Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres han sido creados iguales”.

Tengo un sueño: que un día sobre las colinas rojas de Georgia los hijos de quienes fueron esclavos y los hijos de quienes fueron propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la fraternidad.

Tengo un sueño: que un día incluso el estado de Mississippi, un estado sofocante por el calor de la injusticia, sofocante por el calor de la opresión, se transformará en un oasis de libertad y justicia.

Tengo un sueño: que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación en la que no serán juzgados por el color de su piel sino por su reputación.

Tengo un sueño hoy.

Tengo un sueño: que un día allá abajo en Alabama, con sus racistas despiadados, con su gobernador que tiene los labios goteando con las palabras de interposición y anulación, que un día, justo allí en Alabama niños negros y niñas negras podrán darse la mano con niños blancos y niñas blancas, como hermanas y hermanos.

Tengo un sueño hoy.

Tengo un sueño: que un día todo valle será alzado y toda colina y montaña será bajada, los lugares escarpados se harán llanos y los lugares tortuosos se enderezarán y la gloria del Señor se mostrará y toda la carne juntamente la verá.

Ésta es nuestra esperanza. Ésta es la fe con la que yo vuelvo al Sur. Con esta fe seremos capaces de cortar de la montaña de desesperación una piedra de esperanza. Con esta fe seremos capaces de transformar las chirriantes disonancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a la cárcel juntos, de ponernos de pie juntos por la libertad, sabiendo que un día seremos libres.

Éste será el día, éste será el día en el que todos los hijos de Dios podrán cantar con un nuevo significado “Tierra mía, es a ti, dulce tierra de libertad, a ti te canto. Tierra donde mi padre ha muerto, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera suene la libertad”.

Y si América va a ser una gran nación, esto tiene que llegar a ser verdad. Y así, suene la libertad desde las prodigiosas cumbres de las colinas de New Hampshire. Suene la libertad desde las enormes montañas de Nueva York. Suene la libertad desde los elevados Alleghenies de Pennsylvania.

Suene la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve de Colorado. Suene la libertad desde las curvas vertientes de California.

Pero no sólo eso; suene la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia.

Suene la libertad desde el Monte Lookout de Tennessee.

Suene la libertad desde cada colina y cada topera de Mississippi, desde cada ladera.

Suene la libertad. Y cuando esto ocurra y cuando permitamos que la libertad suene, cuando la dejemos sonar desde cada pueblo y cada aldea, desde cada estado y cada ciudad, podremos acelerar la llegada de aquel día en el que todos los hijos de Dios, hombres blancos y hombres negros, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de juntar las manos y cantar con las palabras del viejo espiritual negro: “¡Al fin libres! ¡Al fin libres! ¡Gracias a Dios Todopoderoso, somos al fin libres!”

(Traducción de Tomás Albaladejo)


MALCOM X, Cleveland, 3 de Abril de 1964

"...Señor moderador, hermano Lomax, hermanos y hermanas, amigos y enemigos, porque sencillamente no puedo creer que aquí todos sean amigos y no quiero dejar a nadie fuera. Esta noche la cuestión es, a mi entender, "La revuelta negra" y ¿Qué rumbo seguimos de aquí en adelante? o ¿Y ahora qué? a mi humilde manera deentenderlo la cuestión es el voto o la bala..." [...] "...Todos estamos metidos en el mismo barco, y a todos nos harán vivir en el mismo infierno el mismo hombre blanco. Todos nosotros hemos sufrido aquí, en este país, la opresión política de manos del blanco, la explotación económica de manos del blanco y la degradación social de manos del blanco. Ahora bien, que hablemos así no quiere decir que seamosantiblancos, pero si quiere decir que somos antiexplotación, que somos antidegradación, que somos antiopresión..." [...] "...Si no hacemos algo muy pronto me parece que estarán ustedes de acuerdo en que nos vamos a ver obligados a escoger entre la bala y el voto. En 1964 hay que escoger entre una cosa y la otra. No es que el tiempose vaya volando: !el tiempo ya se voló! 1964 amenaza con ser el año mas explosivo que Estados Unidos haya presenciado jamás. El año mas explosivo. ¿Por que?También es un año político. Es el año en que todos los políticos blancos volverán a meterse en la llamada comunidad de la gente de color para engañarnos y sacarnos unos cuantos votos.

El año en que todos los bribones políticos blancos volverán a meterse en la comunidad de ustedes y la mía con sus falsas promesas, alimentando nuestras esperanzas para luego defraudarles con sus trucos y sus traiciones, con promesas falsas que no tienen intención de cumplir..." [...] "...No soy político, ni siquiera soy estudioso de la política; la verdad es que apenas si soy un estudioso de nada. No soydemócrata, no soy republicano y ni siquiera me considero norteamericano..." [...] "...Estos 22 millones de víctimas están despertando. Se les están abriendo los ojos. Están empezando a ver lo que antes solo miraban. Se están haciendo políticamente maduros. Se están dando cuenta de que hay nuevas tendencias políticas de una costa a la otra. Como ven estas nuevas tendencias políticas, les es posible ver que cada vez que hay elecciones, la carrera resulta tan apretada que hay que hacer un recuento. Tuvieron que hacerlo en Massachusetts, por lo apretada que estuvo la votación, para ver quien iba a ser gobernador. Lo mismo pasó en Rhode Island, enMinnesota y en muchas otras partes del país. Y lo mismo pasó con Kennedy y Nixoncuando compitieron por la presidencia. Fue tan apretada la cosa que tuvieron que hacer un recuento de todos los votos. Bueno, ¿Y eso qué quiere decir? Quiere decir que cuando los blancos estén divididos equilibradamente y los negros tienen un bloque de votos propios, les toca a éstos determinar quien irá a parar a la Casa Blanca y quien irá a para a la perrera. Fue el voto del negro el que instalo a la nueva administración en Washington, D. C. El voto de ustedes, el voto estúpido, el voto ignorante, el voto mal gastado de ustedes fue el que instalo en Washington, D. C., a una administración que ha tenido a bien promulgar toda clase de leyes imaginables, dejarlos a ustedes hasta el último momento, para terminar entorpeciendo la acción de esas mismas leyes. Y los lideres de ustedes y los míos tiene osadía de andar correteando y aplaudiendo por ahí y decir que cuantos progresos estamos realizando. Y que qué buen presidente tenemos..." [...] "

...Ellos reciben todos los votos negros y, después que los reciben, el negro qué recibe a cambio? Todo lo que hicieron cuando lograron llegar a Washington, fue darles grandes empleos a unos cuantos grandes negros. Esos grandes negros no necesitaban grandes empleos, ya tenían trabajo. Eso es un camuflaje, eso es un truco, eso es una traición, un teatro. No estoy tratando de derribar a los demócratas en favor de los republicanos; a éstos ya llegaremos dentro de un minuto. Pero es verdad: ustedes ponen a losdemócratas en primer lugar y ellos los pone en el último a ustedes..."




martes, 19 de mayo de 2015

La Revolución Francesa

LA ASAMBLEA NACIONAL

En junio de 1789 reunidos ya los Estados Generales en Versalles y por separado, desde el Tercer Estado se cursó una invitación a los miembros de la Iglesia y la Nobleza para unirse bajo un solo techo. Algunos miembros de estos grupos privilegiados lo hicieron a título personal. A mediados de ese mes los representantes del Tercer Estado deciden constituirse en Asamblea Nacional. En respuesta a esta decisión el rey, que ya había demostrado estar en desacuerdo (Texto) con esta pretensión de los diputados del Tercer Estado, decidió impedirles el acceso a la sala de reunión y de esta forma los diputados del tercer estado, más los que se les habían unido del estamento nobiliario y del eclesiástico, decidieron reunirse en adelante en el edificio de un frontón dedicado al juego de pelota donde juraron (Texto) no separarse hasta haberle proporcionado una nueva Constitución a Francia.
Aunque el Rey cedió en algunos aspectos, se negó a considerar la igualdad de todos los franceses ante los impuestos y también a que el voto en los Estados Generales se hiciese individualmente. A principios de julio de 1789 la mayor parte de los nobles y los eclesiásticos se han unido a la llamada Asamblea Nacional y trabajan en la redacción de una Constitución y de una declaración de derechos. Ahora la revolución está plenamente en marcha pues parece quedar claro que la autoridad del Rey quedaría limitada por esa Constitución. La monarquía absoluta se tambaleaba.

LAS REVUELTAS POPULARES URBANAS Y CAMPESINAS

Pero desde esos primeros días de julio se advierte que parte de la Corte no está dispuesta a aceptar la nueva situación. Pronto se advierte un importante despliegue de tropas en Versalles y París que será respondida con movimientos populares de miles de personas buscando armas y construyendo barricadas ante el rumor de que la monarquía piensa terminar con las acciones revolucionarias de los Estados Generales.
 Toma de la Bastilla, 14 de julio de 1789
 En este contexto se producirá un acontecimiento que simbolizará para siempre el comienzo de las acciones revolucionarias: el 14 de julio de 1789 una enorme masa de parisinos se lanza a la toma de La Bastilla, fortaleza que servía de depósito de pólvora y prisión estatal. Los revolucionarios tomaron la fortaleza sin demasiada resistencia y lo que es más importante, sin que intervinieran las tropas reales que permanecieron impasibles ante el temor de sus oficiales de que los soldados se unieran a los revolucionarios.
Como resultado de este movimiento los revolucionarios crearán un nuevo ayuntamiento bajo su control y nacerá también la Guardia Nacional, tropas que aceptan la nueva realidad revolucionaria.
En los días siguientes el estallido se extenderá por toda Francia, pues en las demás ciudades surgirán ayuntamientos revolucionarios y guardias nacionales a imitación de lo sucedido en París. También en el campo se producirá una enorme agitación, el "Gran Miedo", con masas de campesinos tomando castillos y monasterios al asalto con la intención de quemar los archivos donde se guardaban los documentos de propiedad señorial, y así terminar con la opresión que para ellos suponía el régimen feudal. Como respuesta a estas revueltas campesinas los diputados de la Asamblea Nacional redactarán un decreto de abolición de los derechos feudales que sin responder a todas las demandas campesinas sirvió para pacificar el campo(Texto).

EL GOBIERNO REVOLUCIONARIO: NUEVAS LEYES

En ese mismo mes de agosto de 1789 avanza la redacción de la Constitución en cuyo comienzo figurará el histórico documento que recoge la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano (Texto), publicada el 26 de agosto de 1789 y que constituye un auténtico resumen de las ideas de quienes impulsan la revolución. Esta Declaración, con su defensa de la igualdad ante la ley (artículo primero), la soberanía nacional, esto es, que el poder reside en el conjunto de los ciudadanos (artículo tercero) y de las libertades individuales (de expresión, religiosa...); se convertirá en uno de los documentos más influyentes de toda la historia contemporánea y es el embrión (junto con la legislación de los recién nacidos Estados Unidos de América) de los regímenes liberales que durante el siglo XIX se instalarán en muchos países europeos.
Declaración de derechos del hombre y del ciudadano
En octubre de 1789 ciertos rumores sobre una intervención militar contrarrevolucionaria moviliza de nuevo a las masas y tanto el rey como la Asamblea se trasladarán a París. La Asamblea mientras redacta la Constitución, que no será aprobada hasta 1791, gobernará de hecho en Francia.
Pero la situación dista de estar tranquila como se demuestra con los choques que los revolucionarios tendrán tanto con la Iglesia como con aquellos nobles (los “emigrados”, porque se refugiaron en otros países) partidarios del Antiguo Régimen.
Con la Iglesia el enfrentamiento será progresivo y vendrá jalonado con medidas tomadas por la Asamblea como la nacionalización y venta (1789) de sus bienes (el estado los venderá para obtener recursos para disminuir la deuda pública), la supresión de órdenes religiosas y la obligación de todos los miembros de la iglesia de realizar un juramento de fidelidad al nuevo estado. Casi la mitad de la iglesia se resistirá a este juramento y parte de las revueltas contrarrevolucionarias serán liderados por los eclesiásticos en algunas regiones francesas.
Con la monarquía los problemas surgirán ante la resistencia del rey a aceptar la legislación revolucionaria, es decir, a aceptar que su poder estaba limitado por la Constitución y por la Asamblea (representantes del pueblo). Pronto las revueltas patrocinadas por la iglesia y los nobles emigrados recibirán la ayuda de otros monarcas absolutos, y es en ese contexto cuando se produce la fuga del rey (huye en secreto,  disfrazado y dispuesto a unirse a los rebeldes contrarrevolucionarios), la conocida como huida a Varennes, ciudad donde el monarca fue reconocido, detenido y obligado a regresar a Paris.

LA CONSTITUCIÓN DE 1791

La huída del Rey demuestra el escaso entusiasmo de Luis XVI con su papel de monarca con poderes limitados. De hecho, el poder lo ejerce desde mediados de 1789 la Asamblea cuya obra legislativa es muy abundante e incluye la finalización de la Constitución en septiembre de 1791. La Constitución venía precedida por la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, ya redactada en agosto de 1789. Esta constitución, aunque reconocía un régimen monárquico, limitaba mucho los poderes del rey mediante una clarísima formulación de la Soberanía Nacional. De hecho, el monarca dentro del esquema dedivisión de poderes que sigue la teoría de Montesquieu, conserva el poder ejecutivo y tiene derecho de veto sobre las leyes que salgan de la Asamblea, pero sus poderes están muy lejos de los de un monarca absoluto. El poder legislativo, residiría en una única cámara, la Asamblea Legislativa, cuyos miembros debían ser renovados mediante elección popular (aunque por medio de un sufragio censitario) cada dos años. Por último, el poder judicial, que reposaba en los jueces, tiene garantizada su independencia del resto de poderes del estado.
Esta constitución con su reconocimiento de la Soberanía Nacional, de la separación de poderes, de la supremacía de la constitución sobre las demás leyes e instituciones del estado y del reconocimiento de una gran cantidad de libertades y derechos individuales (libertad de expresión, de reunión, derecho a la inviolabilidad del domicilio, libertad religiosa...); se convertirá en modelo para las constituciones liberales del siglo XIX. Su proclamación de la libertad económica significará la prohibición de los gremios o el fin de los precios protegidos en artículos de primera necesidad.
Alegoría de la Constitución de 1791
De todos modos los redactores de esta constitución se inspiraron de forma clara en las ideas de ilustrados como Rousseau y Montesquieu, y también en la Declaración de Independencia y en la Constitución de los Estados Unidos de América.
Con la Constitución de 1791, quienes apoyaban lo realizado por la Asamblea, daban por terminado el proceso revolucionario. Pero las nuevas leyes no sólo habían provocado el descontento de los antiguos privilegiados (que están organizándose para entrar en combate), sino que para muchos historiadores, también van a crear descontento entre las masas populares al dejarlos sin derecho al voto o sin las subvenciones estatales en los precios del trigo.

BANDOS Y GRUPOS POLÍTICOS

Por eso la revolución no va a terminar, ni la tranquilidad va a llegar con la Constitución. Durante los debates para la redacción de la Constitución empiezan a hacerse notar los diferentes bandos y partidos que protagonizarán los acontecimientos en los siguientes años de la revolución: en la parte izquierda de la asamblea se sitúan quienes simpatizan más con las nuevas ideas sancionadas por la constitución y que como club se reunían luego en el antiguo convento de los jacobinos. A esta ubicación espacial en esa asamblea debe hoy su significado político la palabra izquierda. En los escaños de la derecha se sentaban quienes defendían con fuerza los poderes del rey y pensaban que la asamblea estaba yendo demasiado lejos. También empieza a perfilarse un nuevo partido que dice representar los intereses de las masas populares.
Además existía un bando contrarrevolucionario que no desea sino el fin de la revolución, la restitución de Luis XVI como monarca absoluto y la vuelta completa al Antiguo Régimen.
                                                                                                                            

NUEVOS CONFLICTOS INTERNOS

Para muchos historiadores la entrada en una nueva fase (revolución dentro de la revolución) se inicia con la huida del Rey. Tras su captura se desata una violencia revolucionaria claramente dirigida contra la monarquía. El monarca, angustiado, envía cartas solicitando ayuda a otros monarcas absolutos (Texto). La vuelta forzada del rey a Paris vendrá seguida por la suspensión de sus poderes y, aunque algunos líderes políticos parece que se inclinan al perdón, otros exigen un castigo. Entre estos últimos se encontraban una parte de los jacobinos y varios líderes populares que ya hablan abiertamente de proclamar la república.
La Constitución estableció la libertad de prensa
En los meses siguientes se va a asistir a una lucha entre la burguesía que ha protagonizado la revolución, por un lado contra las masas populares que quieren ir “más allá”, y por otro, contra las fuerzas contrarrevolucionarias que se organizan dentro y fuera de Francia.
En los primeros meses de 1792 la situación es tensa y aparecen en escena los llamados sans-culottes, masas de ciudadanos políticamente concienciados y agitados dispuestos a seguir avanzando en el camino de la igualdad social. Esta aparición coincide con cambios en la actitud de los países que rodean Francia. Si desde el principio habían visto con un cierto disgusto lo que sucedía en Francia y tomaron medidas para evitar el “contagio revolucionario”, no obstante a rivales como Gran Bretaña no les desagradaba que Francia se debilitase en luchas internas.
Sin embargo, los problemas crecientes del rey Luis XVI tras su huida, harán que los monarcas absolutos europeos sean conscientes de la amenaza que supone una posible extensión de las ideas revolucionarias. Así los emperadores de Austria y Prusia firman un acuerdo por el que se comprometen a socorrer a la familia real francesa.

GUERRA Y REVOLUCIÓN

En 1792 estalla la guerra entre Francia y las monarquías austriaca y prusiana. El conflicto comienza con derrotas francesas y muy pronto circulan rumores por Francia de que estas derrotas se deben a que el clero contrarrevolucionario, los nobles, que dirigen aún los ejércitos franceses, y también la Reina María Antonieta (austriaca), y el propio Rey, en realidad conspiran, y están al servicio de los enemigos de Francia. En medio de una enorme confusión las masas populares asaltan la residencia real y secuestraron al rey, al que humillaron. Días después se conoce en Francia un documento, el Manifiesto de Brunswick, (Texto) en el cual el duque de Brunswick al mando de los ejércitos austriaco y prusiano amenaza a los parisinos con durísimas represalias si los franceses actuaban contra Luis XVI. El documento no pudo llegar en un momento más inoportuno: se utilizó como prueba de que el rey, en realidad, colaboraba con los enemigos de Francia.
El 10 de agosto de 1792 se producirá un nuevo asalto popular a la residencia real. El monarca y su familia deben escapar para salvar sus vidas y se refugian en la Asamblea, donde los diputados toman la decisión de suspender los poderes del rey y encarcelarlo hasta que tras unas elecciones surja una nueva cámara (Convención Nacional) que decida el futuro de la familia real francesa.
Quedaba claro que el poder lo tenían las masas en la calle y que el proyecto de la revolución de 1789, la creación de un régimen político basado en la convivencia entre la monarquía y una constitución que reconoce la soberanía de la nación, y controlado por la burguesía mediante el mecanismo del sufragio censitario, había terminado.
Una nueva burguesía democrática, liderada por personajes como Marat o Robespierre, se hará, mediante el manejo de las masas populares, con el control de la situación.

Esta nueva etapa revolucionaria vendrá marcada por la existencia de un continuo enfrentamiento, desde 1792 de Francia contra el resto de potencias europeas (Austria, Prusia, Rusia, España, Portugal, Gran Bretaña...)
Tras las derrotas iniciales, llegarán victorias para los ejércitos franceses, como en la batalla de Valmy. A partir de 1793 las tropas francesas entrarán en Bélgica, España, territorios italianos y amenazan la seguridad de Austria y Prusia.

LA PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA Y LA EJECUCIÓN DEL REY

Uno de los primeros problemas que se plantean en 1792 es que, aunque Francia sigue siendo oficialmente una monarquía, la realidad es que carece de Rey y que, de hecho, Francia es una República, en la cual buena parte del poder está en manos de la llamada Comuna surgida a raíz de los incidentes del 10 de agosto. Al frente de esta Comuna se encuentra Maximilien Robespierre, hombre fuerte de la revolución en los meses siguientes.
Luis XVI guillotinado, enero de 1793
La revolución había entrado en una nueva fase en la que las posturas se radicalizarían, alcanzándose momentos muy tensos cuando las tropas de los monarcas absolutos se encuentren a las puertas de Paris tras su victoria en la batalla de Verdun. Los rumores de la existencia de “traidores” en el interior desató terribles matanzas de prisioneros en las cárceles parisinas y que arreciasen las medidas anticlericales del gobierno ante la sospecha de que los miembros de la Iglesia colaboraban con los enemigos de la revolución.
En este contexto se producirá una victoria militar de los revolucionarios, la batalla de Valmy, que para muchos historiadores es uno de los puntos clave de la historia: la derrota de los ejércitos absolutistas abrirá una nueva etapa que irá consolidando las posiciones revolucionarias. En los años siguientes, las sucesivas victorias militares de Francia servirán para llevar las ideas revolucionarias por toda Europa occidental. El alemán Goethe, uno de los hombres de letras más influyentes del momento, y presente en la batalla de Valmy, llegó a escribir que ese día, 20 de septiembre de 1792, y en ese lugar, Valmy, “se inició una nueva era en la historia del mundo”.
Mientras tanto, se habían celebrado en Francia elecciones, y de ellas salió una nueva Asamblea Constituyente que recibirá el nombre de Convención Nacional, cuya primera tarea será la redacción de una nueva Constitución.
Una de las primeras decisiones de la Convención fue la supresión de la Monarquía, aunque se dejó para más adelante la proclamación de la República. El carácter radical de esta nueva fase puede observarse en el establecimiento de un nuevo calendario republicano (se hablará de año I de la República), y se cambiará el nombre tradicional de los meses por otros que hacen referencia a circunstancias meteorológicas o a típicas labores agrícolas.
En la Convención convivían tres grupos de diputados más o menos definidos, a la derecha, los llamados girondinos, revolucionarios moderados que ya habían participado en las anteriores fases revolucionarias, a la izquierda, los más radicales jacobinos, y en el centro un grupo de diputados (la llanura) cuyas posiciones oscilan.
Esta división política se pondrá de manifiesto cuando la Convención decida sobre la situación del Rey. Los Girondinos consideran suficiente que se le detenga hasta el final de la guerra, mientras que los jacobinos desean un castigo mayor. Cuando se descubran pruebas de que Luis XVI está colaborando con los ejércitos extranjeros que luchan contra Francia los jacobinos pedirán para él pena de muerte. La ejecución pública se producirá en enero de 1793. Los historiadores han destacado la relativa indiferencia con la que monárquicos y republicanos franceses recibieron la noticia, prueba indudable del cansancio de cuatro años de hechos revolucionarios y del cambio mental de unas masas populares que asisten a la ejecución de quien pocos años antes como Monarca Absoluto tenía para el pueblo una consideración casi de figura religiosa.
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LA CONSTITUCIÓN DEL AÑO I. "EL TERROR"

Además de en el proceso del Rey, la Convención ocupó su tiempo en la redacción de la nueva Constitución, más democrática que la anterior de 1791, pues además de incluir el sufragio universalmasculino, reconocía derechos sociales, como el derecho a la educación (Texto) y al trabajo o la protección con dinero público de los más desfavorecidos. Esta constitución fue aprobada en el verano de 1793, aunque nunca llegó a entrar en vigor, pues su aplicación se pospuso para cuando finalizase la guerra. A pesar de esto, muchos historiadores la consideran un texto legal de gran importancia, pues añade al concepto de democracia unas medidas de protección social que sólo en el siglo XX se aplicarán en los países más ricos y avanzados.
Maximilien Robespierre
Durante esta etapa de gobierno el poder quedó en manos de los jacobinos que se apoyaban en la fuerza de los llamados sans-culottes en la calle. Los acontecimientos en el exterior con una guerra que, a pesar de algunas victorias francesas, preocupa porque con la muerte del rey son muchos los reyes europeos empeñados en terminar con la revolución, y los acontecimientos violentos en el interior, como el asesinato de Marat, un importante dirigente jacobino, conducirán a que la Convención otorgue poderes especiales a los llamados “Comités”, como el Comité de Salvación Pública, dirigido por Robespierre, que en la práctica gobernaron Francia de forma dictatorial. Con esto llega la etapa del Terror.
Durante esta fase (el Terror) dictatorial de la República, la utilización de la violencia política contra los considerados enemigos de la revolución fue algo constante. Los juicios irregulares por parte de tribunales revolucionarios terminaban frecuentemente con condenas a muerte (se habla de más de 40.000 ejecuciones en unos pocos meses). Durante esta etapa la violencia política se convirtió en práctica política pues los comités se mantuvieron en el poder eliminando de forma sistemática a sus rivales con la excusa de que la revolución peligraba ante las conspiraciones de nobles y eclesiásticos apoyados por las monarquías absolutas europeas.
Mientras tanto la guerra continúa, y a finales de 1793 se confirma que lo sucedido en Valmy no era un espejismo: los ejércitos extranjeros son expulsados de Francia, e incluso las tropas revolucionarias se hacen con el control de Bélgica y zonas de Alemania.
El año 1794 verá la continuación de la política de terror institucional, justificado por el propio Robespierre como una forma de defender la República de los enemigos de la libertad (Texto). Robespierre conseguirá eliminar a los principales dirigentes de los sans-culottes y de hecho, durante algunos meses, el gobierno de Francia se convierte en unadictadura personal. Esta situación terminará cuando los enemigos (de todas las tendencias políticas) de Robespierre, unidos por el miedo a ser eliminados, actúen contra él. Maximilien Robespierre será guillotinado, y con su muerte llega el fin de la etapa más radical de la revolución francesa. 
                                                                                                                                




Se ha interpretado el complot contra Robespierre como el deseo de muchos revolucionarios de parar las tendencias más radicales y volver, no al Antiguo Régimen, sino a los momentos iniciales de la revolución. La gran burguesía francesa había mirado con disgusto los acontecimientos de la época del Terror, las medidas sociales tomadas por el gobierno, los precios máximos puestos a los productos de primera necesidad y la nacionalización de algunas grandes fábricas que pasaron a ser propiedad del estado. Todas estas medidas serán derogadas, lo que explica los intentos de volver a recobrar el poder por los elementos más radicales (jacobinos y sans-culottes), que fueron controlados sin demasiados problemas por el nuevo gobierno.

EL DIRECTORIO.

En 1795 el gobierno decide impulsar la redacción de una nueva Constitución que en muchos aspectos supone una vuelta a la de 1791, pues contemplaba el sufragio censitario e incidía en que la igualdad era sólo ante la ley, sin contemplar los aspectos sociales que sí se incluyeron en la Constitución de 1793. La Constitución de 1795 dejaba el poder ejecutivo en manos de un Directorio de cinco miembros, mientras el poder legislativo residía en dos cámaras.
La ejecución de Robespierre, junio 1794
El periodo siguió dominado como en los años anteriores por la inestabilidad política, y así durante una revuelta de partidarios del Antiguo Régimen en octubre de 1795, el directorio se vio obligado a pedir el apoyo del ejército donde apareció como salvador un joven general, Napoleón Bonaparte, que en años posteriores desempeñará un papel político esencial.
Al año siguiente, 1796,  la revuelta política vino desde el otro extremo político con la conjura de inspiración comunista, dirigida por Babeuf, y que se manifestaba contra la existencia de la propiedad privada.


EL ASCENSO DE NAPOLEÓN BONAPARTE

La inestabilidad seguirá en 1797 con una nueva revuelta de los partidarios de la monarquía reprimida con el apoyo del ejército. Cuando al año siguiente una nueva insurrección de los monárquicos necesite el apoyo del ejército, quedará ya claro que el futuro de la revolución y de Francia estará en manos de los generales, y en especial de Napoleón Bonaparte, quién en 1799 dará un golpe de estado que pondrá todo el poder en sus manos. Este proceso de acumulación de poder en manos de Napoleón se hará de una forma clara, pero progresiva. Primero en la Constitución del año VIII (Texto), que deja el poder en manos de tres cónsules, de entre los cuales, el primer Cónsul, Napoleón Bonaparte, posee el poder efectivo, mientras los otros dos tienen sólo funciones consultivas. En 1802 la Constitución del año X dictada por él le nombrará cónsul único con carácter vitalicio, para en 1804 ser proclamado emperador.
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CONSECUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN.

Con la llegada de Napoleón Bonaparte no finalizó la revolución, pues algunos de sus cambios perdurarán. Así la revolución supone el fin de la monarquía absoluta en Francia. La pérdida de los privilegios de la Iglesia y la Nobleza ya no tendrá marcha atrás. Ni tampoco lo tendrán los derechos feudales, ni el diezmo que se pagaba a la iglesia, ni la venta de las tierras del clero a particulares.
Retrato de Napoleón como general victorioso
El propio Napoleón impulsará la redacción de un nuevo código legal para toda Francia, que recogerá buena parte de las leyes revolucionarias. El llamado código napoleónico se caracteriza por contemplar la igualdad legal de todos los ciudadanos y define un sistema judicial en el que se presupone la inocencia del acusado que recibe asistencia legal del estado. El ciudadano cuenta con el derecho de habeas corpus que le protege de cualquier detención que no se ajuste a las leyes. El código napoleónico no sólo se aplicará en Francia, sino que se difundirá por buena parte de los países europeos conquistados por las tropas francesas.
Además, la revolución dejará como legado la existencia de la libertad de expresión y de la libertad religiosa, y abrirá el camino a la separación Iglesia-Estado, requisito imprescindible para el buen funcionamiento de un régimen liberal o democrático.
Por tanto, la "herencia" de la revolución puede resumirse en el fin de los privilegios legales típicos del Antiguo Régimen, en la disminución del control de la sociedad por la Iglesia, en la existencia de unas leyes basadas en el principio de la igualdad de todos ante la ley y en el respeto de las llamadas libertades individuales.

Sin embargo, tras la revolución francesa, el llamado Antiguo Régimen está muy lejos de haber desaparecido. De hecho las potencias absolutistas parecen, en 1815 con la derrota de Napoleón, claros vencedores. Estas potencias firmarán acuerdos, como la llamada Santa Alianza, para defenderse de posibles nuevos brotes revolucionarios que cuestionen los fundamentos del Antiguo Régimen. A pesar de estos esfuerzos de las potencias absolutistas, las revoluciones liberales, que se reclaman hijas de la revolución francesa, se producirán y de una forma progresiva durante el siglo XIX conseguirán la instalación en varios países europeos de regímenes basados en muchos de los principios revolucionarios.